Mi hijo no quiere comer

Es muy común en la edad infantil el típico comportamiento de negarse a comer, presentar un comportamiento rebelde ante la comida o solo querer comer alimentos azucarados y grasos que resultan más atractivos. Ante esto, como es normal, los padres sufren de desesperación, pierden el control, están continuamente preocupados y en guerra con sus hijos porque lo único que desean es que estén bien alimentados y sanos.

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Pues bien, esta tarea es más psicológica que nutricional, hay que tener en cuenta ciertos aspectos del comportamiento infantil que son totalmente normales. Aquí van una serie de consejos con mano diestra:

♦ Al igual que en otras etapas de la vida surgen otros problemas alimenticios que están más orientados a deficiencias fisiológicas, en esta etapa es común la aversión a ciertos grupos de alimentos como son las verduras, pescado y frutas.

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No es conveniente evitar estos alimentos por la esperanza ciega que se presenta en los padres creyendo que con el paso del tiempo elegirán por ellos mismos comer lo que antes detestaban. Lo ideal es, teniendo en cuenta que se encuentran en una etapa de desarrollo intelectual y que absorben conocimientos como esponjas, enseñarles los beneficios de una alimentación sana y equilibrada. Explicarles por qué deben tomar esto o aquello. A veces los niños están pidiendo a gritos que se les trate como a un adulto más, y lo único que quieren es una explicación a las órdenes que reciben continuamente en el colegio y en casa. Por tanto, el primer paso, es explicarles con paciencia y desde que comienzan a alimentarse por si solos qué alimentos debe elegir y cuáles no son tan aconsejables.

♦ Los padres deben agudizar su ingenio. Preparar recetas variadas, atractivas a la vista y el olfato, con colores vivos, evitando así que la comida resulte monótona y aburrida. Cortar los alimentos con diferentes formas (palitos, bolitas, espadas, flores, etc). Combinar en un mismo plato muchos alimentos coloridos. Probar con diferentes formas de cocinado de un mismo alimento hasta encontrar una que tolere, por ejemplo: calabaza en puré, al vapor el bolitas o dados, cruda en palitos, añadida a sopas con caldo de pollo)

No engañarles NUNCA. No enmascarar los alimentos con otros y que al bocado se lleven la sorpresa de que no es sopa de pollo sino puré de calabacín. Si ésto sucede estamos perdiendo poco a poco su confianza en nosotros.

♦ Invitarles a acompañarnos al mercado y a participar en la cocina. Que se ensucien las manos y se diviertan cocinando.

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No obligarles nunca a tomar un alimento por la fuerza. Es cierto que hay que insistir, pero no crear un pequeño trauma del momento. Si hay algún plato que se le resiste, déjelo estar unos meses y vuelva a intentarlo con otra presentación diferente.

No sustituir ningún alimento por otro, de esta forma, el niño aprende que esta dinámica funciona y al final, por la desesperación del padre que solo quiere que coma algo, consigue lo que se propone.

♦ El adulto debe presentar siempre una actitud calmada y paciente, entiendo que esto resulta complicado ya que somos humanos, pero hay que ser conscientes de que si nosotros perdemos los nervios, el mensaje que reciben ellos se multiplica por mil. Muchas veces el comportamiento del niño es un reflejo del que el adulto presenta en ese preciso momento.

♦ No emplear JAMÁS la comida como castigo o premio. La comida tiene su función y debe comprenderla desde pequeño.

♦ No dar un trato preferente a ningún niño con respecto a los demás si se encuentran varios en la mesa. No comparar a unos con otros premiando y castigando, cada uno es como es y hay que tratarlos por igual. Es de esperar que, de forma relajada y con el tiempo, unos terminen imitando el comportamiento de otros de forma natural, sin envidia, celos, ni presión.

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El ambiente del comedor debe ser tranquilo y a la vez estimulante. Evitar la televisión, los videojuegos y otras actividades. Apostar por una charla amena entre la familia propiciada por los padres y otros adultos presentes en la mesa. De forma esporádica se puede emplear juegos relacionados con los alimentos, sin que se convierta en una costumbre que haga al niño dependiente del juego para comer.

El plato no debe estar rebosante de comida para evitar la impresión de abundancia y a la vez, rechazo.

♦ Educar con el ejemplo.

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♦ Emplear la educación nutricional como herramienta fundamental. Hoy en día en los colegios se realizan cada vez más talleres pero siempre hay que combinarlos con la educación en el hogar, ya que aquí se crean hábitos y costumbres que probablemente perdurarán el resto de sus vidas. Si el padre no dispone de conocimientos suficientes acerca nutrición, siempre puede contar con la ayuda de un experto en materia e incluso invitar a que le acompañe su hijo a la consulta.

 

Pero lo más importante de todo es LA PACIENCIA….son solo niños…

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